Beat the Reaper - Josh Bazell
Fecha Jueves, 28 mayo a las 22:07:59
Tema Criticas de SF&F



Crítica de la novela negra Beat the Reaper, escrita por Josh Bazell.

A-



Esta primera novela de este autor fue comparada por muchos con las de Charlie Huston… y estaba claro que no me quedaba más remedio que comprarlo, ya que Huston fue mi descubrimiento de 2008. Y en algunos aspectos es verdad… aunque en otros no. Tiene el mismo tipo de diálogos directos, una historia en la que tiene un papel protagonista la mafia, pero poco más. No quiero decir con eso que sea malo, solo que no son comparables. Josh Bazell es un médico que ha decidido escribir y eso se le nota y mucho, ya que la novela está llena de pequeños (y grandes) toques médicos… algunos de los cuales incluso hicieron que dejase de leer por lo asqueroso que me estaba pareciendo. Por cierto, el título se puede traducir por "Vence a la Parca".

En la primera escena (que más abajo traduzco), el antiguo asesino de la mafia, el Dr. Peter Brown se detiene en medio de su pelea con un ladrón para dar una clase sobre como es la estructura del brazo, y además, en medio del párrafo hay un asterisco para explicarnos en un pie de página que la estructura del brazo es parecida a la de la parte inferior de la pierna, aunque menos frágil. Eso me preocupó, ya que un libro lleno de asteriscos te destroza el ritmo de lectura, y no suele decir cosas buenas del autor, ya que no deja de interrumpirse. Afortunadamente, Bazell es un muy buen escritor, y la gran mayoría de sus asteriscos son para contar anécdotas divertidas, aunque siguen molestando un poco porque interrumpen una historia tan entretenida que no quieres dejar de prestar atención a la historia principal para leer lo que pone en la parte inferior de la página.

El protagonista solía ser un asesino a sueldo para la Mafia. Pero ocho años antes, debido a una “discusión” que tuvo con su amigo (e hijo de su jefe) y que acabó con el amigo siendo lanzado por la ventana de un sexto piso, habló con el FBI, cantó todo lo que pudo, se fue al programa de protección de testigos… y estudió la carrera de medicina. Ahora cura a la gente en vez de matarla, aunque sigue teniendo sus dotes de asesino como demuestra en la primera escena. El libro cuenta la historia con un capítulo sobre su vida actual, y el siguiente nos cuenta como empezó a involucrarse con la Mafia… hasta que tiró a su amigo por la ventana.

Tras ocuparse del ladrón, Brown llega a su hospital y dando su habitual ronda se encuentra con un mafioso, que le reconoce. El mafioso tiene cáncer de estómago, y le advierte que si él no muere no le contará a su viejo patrón que le ha reconocido y donde está (habla por móvil con un amigo para explicárselo). Brown hace todo lo que puede por que no muera, pero el mafioso va a ser operado por un cirujano loco… por lo que parece que su pronóstico es mucho peor.

Y al mismo tiempo nos enteramos que el hijo de un don era su amigo en el colegio, y que se convirtió en asesino para vengar a sus abuelos, un par de judíos polacos que habían sobrevivido a Austwitz (tras ser capturados por ser miembros de la resistencia en el Bosque de Bialowieza – ir a wikipedia para saber lo que allí pasó durante WWII). De ahí se va convirtiendo poco a poco en un gran asesino, hasta que tras un asesinato en el que tiene que ayudar a su amigo a matar a un par de pederastas, todo sale mal y alguien le traiciona. En medio de todo eso se había echado una novia, que tras ser ambos intentados matar por su amigo en la sección de tiburones del Aquarium de Long Island (les lanzan a nadar entre ellos), Brown decide hablar, pero matan a su novia y este vuelve a por su ex-amigo y le lanza por la ventana.

Pero resulta que su amigo no ha muerto, y es a quien se va a chivar el mafioso con cáncer. Afortunadamente, y porque Brown participa en la operación, el mafioso sobrevive, solo para ser asesinado con una inyección de potasio. Brown intenta huir del hospital, pero su conciencia puede más que su instinto de conservación, y regresa para salvar a un par de pacientes que habían sido mal diagnosticados (a una paciente la quieren cortar la pierna porque creen que tiene cáncer cuando lo que tiene es un derrame de líquido uterino, y otro se está muriendo cuando su cara es sencilla), ya que lo que más miedo da de todo esta historia no es la Mafia… es el sistema sanitario USA y lo absolutamente acojonante que debe ser entrar en un hospital allí si no estás forrado.

Por volver al hospital, le consiguen alcanzar los guardaespaldas mafiosos de su amigo, que le encierran en un congelador de los de tamaño gigante, y como sabe que su ex-amigo le gusta usar el cuchillo y él no tiene nada parecido, se arranca el peroné en una descripción absolutamente asquerosa y que como ya he dicho antes me hizo dejar de leer. El final es coherente y me ha hecho esperar con ganas el siguiente libro de este autor. Muy buen debut.


Y esto es un trozo de la primera escena del libro.

Estoy dirigiéndome al trabajo y me detengo a ver como una paloma lucha contra una rata en la nieve, ¡y un gilipoyas intenta atracarme! Naturalmente, tiene una pistola. Viene por detrás de mí y la coloca en la base de mi cráneo. Está fría, y eso me gusta, ya que es como una especie de acupuntura. “Tranquilo, Doc,” dice.
Lo que explica eso, al menos. Incluso a las cinco de la mañana, no soy del tipo de personas al que atracas. Me parezco a como habrían esculpido en la Isla de Pascua a un estibador. Pero el gilipoyas puede ver los pantalones azules de ayudante de cirujano bajo mi abrigo, y los zuecos de plástico verde con agujeros, por lo que piensa que tengo encima drogas y dinero. Y quizás que he hecho algún tipo de juramento para no patera su culo de gilipoyas por intentar atracarme.
Apenas tengo suficientes drogas y dinero para pasar el día. Y el único juramento que hice, por lo que recuerdo, es que no debo hacer daño, el
primero. Y ya hemos pasado de ahí.
“Okay,” digo, levantando los brazos.
La rata y la paloma huyen. Cobardes.
Me vuelvo, lo que hace que la pistola se aparte de mi cráneo y me deja con el brazo levantado por encima del brazo del gilipoyas. Tiro de su codo hacia arriba, haciendo que sus ligamentos resuenen como un corcho de champán.
Parémonos un momento para olfatear la rosa conocida como el codo.
Los dos huesos del antebrazo, el cúbito y el radio, se mueven independientemente el uno del otro, y también giran. Puedes verlo cuando pones la mano con la palma hacia arriba, y en esa posición el cúbito y el radio están paralelos, pero al poner la mano boca abajo, se cruzan formando una X (*). Por lo tanto necesitan un complicado sistema de anclaje en el codo, con los ligamentos envolviendo las distintas puntas de los huesos en cintas que se enrollan y desenrollan y que se parecen a la cinta con la que se envuelve el mango de una raqueta de tenis. Es una pena romper estos ligamentos.
Pero el gilipoyas y yo tenemos un problema peor ahora mismo. Y ese es que mientras mi mano derecha ha estado jodiendo su codo, mi izquierda, habiendo aparecido junto a mi oreja derecha, está ahora yendo hacia su cuello como si fuese un cuchillo.
Si le golpea, aplastará los frágiles anillos de cartílago que mantienen abierta su traquea contra el vacío de inhalar. La próxima vez que lo intente, su traquea se cerrará como un ano, dejándole a Tiempo-de-Parca menos quizás seis minutos. Y eso aunque arruine mi bolígrafo Propulsatil intentando hacerle una traqueotomía.
Por lo que ruego y suplico, y ayudo a cambiar la trayectoria de mi mano hacia arriba. Más allá de su mentón, e incluso su boca – lo que hubiese sido asqueroso – hasta que apunta a su nariz.
Y que se hunde como si fuese arcilla mojada. Arcilla mojada con ramitas dentro. El gilipoyas cae a la acera, inconsciente.
Compruebo que estoy tranquilo – y lo estoy, solo enfadado – antes de ponerme de rodillas junto a él. En este tipo de trabajo, como en cualquier tipo de trabajo, probablemente, planear y tener serenidad valen más que la rapidez.

(*) Y puedes comparar esto con la pierna inferior de tu pierna, donde esa misma estructura existe. Los dos huesos de la parte inferior de la pierna, la tibia y el peroné, están anclados en la misma posición. El exterior, el peroné, ni siquiera soporta peso alguno. De hecho, puedes quitar gran parte del peroné – para usar como un injerto o cualquier otra cosa – y mientras no jodas el tobillo o la rodilla, no afectará la habilidad de andar del paciente.



¿Por qué tiene una A-? Por lo entretenido que llega a ser y porque hay ratos que no paras de leer para ver que va a ocurrir después. Y porque está lleno de pequeños detalles muy divertidos.
¿Por qué no tiene una A? El sistema de pies de páginas hay veces que resulta cansino, y por cachondos que son, te distraen del relato principal.

Little, Brown – 310 páginas – 2009

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