Gentleman of the Road - Michael Chabon
Fecha Sábado, 30 mayo a las 09:48:16
Tema Criticas de SF&F



Crítica de la novela de aventuras medievales, Gentleman of the Road, escrita por Michael Chabon.

B+



Esta novela fue serializada por capítulos en el NY Times, y la historia va sobre un par de ladrones de caminos sobre el año mil en un reino judío (Khazar – los Jázaros) a las orillas del Mar Caspio. Si, ese reino existió de verdad, y duró unos 400 años, y cuyo “kagan” era considerado como un igual por el Emperador de Bizancio y por el Califa y que tenía un sistema de gobierno un poco extraño en el que el “bek” era el jefe militar y administrativo, pero que debía obediencia absoluta al “kagan”, que era un personaje al que solo veía el “bek”.

Está escrita en un lenguaje arcaico, que tiene más que ver con las novelas de aventuras del siglo XIX que con como se escribe actualmente. Pero eso no debe distanciarte de una aventura divertida, en la que constantemente aparecen nuevos personajes, nuevos lugares, hay traiciones, engaños, prostitutas e incluso travestismo.

La historia se basa en dos personajes, judíos, uno un inmenso africano con una gran hacha a la que llama “Violador de tu Madre”, descendiente de los judíos que se convirtieron al judaísmo con la Reina de Saba, y el otro un judío alemán, y cuya familia era una familia de matasanos, y que lleva un estilete rígido de punta muy afilada. Ninguno se parece en nada al estereotipo actual que tenemos de los judíos… ¿judíos con espadas? (que era el título que quería el autor para esta novela) es una idea algo extraña para nosotros pero que no fue así en aquella época, y que creo que es lo que quiere hacernos ver el autor… ¿cuál es la identidad judía?

Ambos personajes son los clásicos pillos con corazón de oro, y que cuando empieza la novela se pelean entre ellos para que todo el mundo apueste por el alto y fuerte negro, para luego hacer que venza el delgado blanco (y después repartirse el dinero de las apuestas con el posadero). Pero les descubre un Khazano que está huyendo con el hijo del antiguo “bek” (que ha sido depuesto por un general y que ha matado a toda la familia menos al hermano mayor que se lo ha dado a los vikingos Rus que bajan por el Volga hasta el Mar Caspio, y a este joven hijo al que llevan a la casa de su tío en Azerbaiyán). Pero son atacados por seguidores del nuevo “bek” que matan al Khazano y recae sobre el par de judíos llevar al joven hasta la casa de su tío. Al llegar allí se encuentran con que el castillo ha sido destruido, pero el hijo del antiguo “bek” les roba un caballo (al que tiene mucho aprecio el alemán) y le persiguen hasta el Reino de Khazar, donde son todos capturados por un grupo de musulmanes al servicio del “bek”. Pero el chico tiene un pico de oro y consigue convencer a unos y otros que el nuevo “bek” se ha echado en brazos de los Rus para hacerse con el poder y estos están desvalijando a su antojo las aldeas costeras, ya que el “bek” no puede negarles nada. A este grupo se les une muchísima más gente hasta que llegan a la capital para ocuparse del usurpador.

A esto le sigue bastante violencia, traiciones varias, violación, pero todo ello aderezado por el humor, el mucho humor que está en cada página, y hasta con apariciones de un par de elefantes, gente a la que le falta media cara o alemanes que llegan para vender un elefante al nuevo “bek” porque se han enterado que sus cuarenta elefantes se han muerto por una epidemia y han cogido al elefante de la “zoológico” de una corte alemana para vendérselo al “bek”. Y todo ello envuelto por una ambigua moral, ya que nadie es perfecto y todos tienen motivos inconfesables para hacer lo que hacen, por mucho que digan que lo hacen por altruismo o porque lo necesitan hacer.

Y cada capítulo tiene nombres rimbombantes como “Sobre la Observancia del Cuarto Mandamiento Entre Ladrones de Caballos” o “En la Sustitución de un Ángel, Y Una Causa, Por Otra”.


Esto ocurre cuando el ejército levantado en armas por el hijo del antiguo “bek” llega a la capital de Khazar, Atil.

“Es – nos dijeron que ese Buljan enviaría a un emisario, señor, un viejo amigo vuestro. Pero al final solo ha enviado a un elefante.”
“¿Un elefante?” Susurró Filaq.
“Uno muy viejo. Delgado y viejo y lento.”
Filaq se quedó inmóvil, agitando la cabeza.
“Tiene una parte calva en la frente,” dijo en voz baja.
“Si, señor. Con pequeñas manchas y calva.”
Filaq pasó junto al guardia. Empujándole hacia un lado, y sacó la cabeza por la apertura de la tienda de campaña, mirando hacia las grandes puertas de Atil. Fuese lo que fuese que vio al sacar la cabeza hizo que se enajenase. Dio un salto y corrió, riendo, llorando, tropezándose con sus propios pies.
Amram y Zelikman le siguieron y llegaron junto a las puertas a tiempo para ver a Filaq rodear con sus delgados brazos, en sus anchas mangas de prestada armadura acolchada, la nudosa trompa de un elefante arruinado. Estaba ahí, alto, esquelético, y escorado, su piel con heridas, llena de bultos, y de cicatrices blanquecinas que se estaba cayendo a tiras como si fuesen papel de escribir que era como nieve que se arremolinaba alrededor de sus patas: un carro de deshilachadas y mohosas mantas rápidamente colocadas sobre las ruinas de un establo. Un constante traqueteo surgía de la misteriosa maquinaria de su interior como si fuera el viento en las ramas de un árbol lleno de langostas, y todo ello sobre un más profundo ruido sordo, un inconfundible bajo continuado de placer mientras el mozalbete frotaba la zona sin pelo entre sus flemáticos ojitos, llenos de una lechosa afluencia de lágrimas.


Y además, en cada capítulo hay una ilustración de Gary Gianni, que te meten muy bien en el ambiente de la novela, y como muestra, estas tres ilustraciones.



Al final acabas teniendo la impresión que te has leído una novela perdida de Alejandro Dumas o de Rider Haggard. Una pena que sea tan corta.

¿Por qué tiene una B+? A pesar de su lenguaje, me lo he pasado en grande leyendo esta serie de aventuras.
¿Por qué no tiene una A-? Porque al final no es un libro tan redondo como podría haber sido. Hay algunas cosas que he echado en falta, y otras que me han sobrado.

Sceptre - 204 páginas - 2007

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